El encuentro entre Jorge González y Alejandra Tapia ocurrió casi por azar, en enero de 2025, cuando Colombina Parra hizo llegar a González una serie de arreglos para quinteto de cuerdas realizados por Tapia sobre canciones de Los Ex y parte de su repertorio solista. Interesado por las posibilidades expresivas de estos arreglos y particularmente por el instrumento de cabecera de Tapia, la viola, Jorge propuso iniciar un intercambio creativo: Alejandra grababa composiciones e improvisaciones libres que luego González expandía, editaba, manipulaba e intervenía con instrumentación digital, transformando esas grabaciones en nuevos paisajes sonoros.
“Las manos de Ale son las que hacen sonar el disco”, ha dicho González sobre un álbum donde la viola funciona como cuerpo, respiración y materia prima. A partir de esas melodías orgánicas y fragmentos improvisados, la producción despliega un universo que expande los límites de ambos músicos: González, en una trayectoria marcada por el tránsito entre distintos géneros, pero con la canción como eje central; y Tapia, desde la tradición de la música académica, desde el conservatorio hasta su trabajo como viola titular de la Orquesta Usach. El resultado es una exploración de territorios sonoros inexplorados para ambos, donde conviven de manera natural la música de cámara, el minimalismo, el ambient, la electroacústica y la canción experimental, sin jerarquías ni etiquetas definitivas. Distintos nombres para una misma pulsión de vanguardia que sitúa este disco entre las propuestas más singulares de la música chilena actual.









